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Los enfermos de la corte suprema

Los Enfermos de la Corte Suprema
La viabilidad de las sociedades esta directamente relacionada con la confianza en su sistema de justicia. La credibilidad de los Colombianos en la Corte Suprema de Justicia ha llegado a unos niveles vergonzosos. En vez de unos serios y responsable sabios que conocen y salvaguardan el orden juridico del país, lo que percibimos es que la corte la conforman unos avivatos banales cuyo principal oficio es cuidar una aureola de privilegios de la que se han sabido rodear. Por  eso no deberíamos estar tan desconcertados y asombrados con la reciente sentencia que condena al profesor Edgar Duque a pagar 4.000 millones de pesos, 17 meses de carcel y suspensión del ejercicio profesional.


Que pueden saber y entender estos personajes de toda una vida dedicada al servicio de los demás ? Que pueden saber de las miles de horas dedicadas a estudiar, investigar para mejorar en forma continua la capacidad para diagnosticar y orientar correctamente un enfermo? Que pueden entender sobre la enorme dificultad  que representa tomar una difícil decisión que puede afectar la vida de un ser humano cuando “la vida es corta, el arte largo, la oportunidad fugaz, el experimento peligroso”(1)
Como pueden entender la RESPONSABILIDAD como la asumimos los medicos: hacer nuestro mejor esfuerzo para analizar las cientos de variables involucradas en un diagnostico acertado, entender las múltiples interacciones que llevan a que la respuesta a los tratamientos, pueda ser impredecible o indeseable, sufrir con los enfermos cuando, a pesar de todo lo que hagamos, no logramos curar o aliviar el sufrimiento.


No nos puede extrañar que condenen un medico a pagar 4.000 millones por un error. Una suma que para ellos puede ser fácilmente la comisión del ultimo negocio que hicieron pero que para un medico puede representar la ruina del trabajo honesto y dedicado de toda una vida. No se les puede pedir que entiendan que a un profesional dedicado, estudioso y serio como el Dr Duque, no le “suspenden” el ejercicio , porque este no es otra cosa que pensar, estudiar ayudar a los demás y eso no se lo quitan los honorables magistrados, así cometan el infame atropello de encerrarlo entre 4 paredes.

Los medicos de Colombia han sido degradados a unos niveles que ponen en serio peligro la salud de la sociedad. No se les paga ( como alguna vez ordeno alguna corte) por su trabajo de entrenamiento,una vez graduados. Se les han rebajado los honorarios a unos niveles en que es imposible montar un consultorio viable. Se les viola la autonomía en una maraña de reglas y normas que impiden el libre y responsable ejercicio. Se les demora el pago de los servicios prestados por meses y años, sin que ninguna corte  haga cumplir sus ordenes de pago. Y para rematar, están sometidos a un sistema en el que jueces y magistrados exhiben con orgullo la mas obcena ignorancia de elementales conceptos biológicos: prohiben por decreto las infecciones en los hospitales y establecen las simplistas relaciones causa efecto que alcanzan a caber en sus limitados entendimientos.


Pueden los medicos pasar por alto esta absurda condena y agregarla a su interminable letanía de quejas y reclamos?
La impotencia lleva a algunos a imaginar absurdos como vetar de la atención medica a estos personajes, para que entiendan en carne propia lo que significa no poder acudir a quienes, con la ciencia en una mano y el amor en la otra, logran darle alivio a casi todos los humanos sufrimientos.


Pero nada mas alejado de la etica que siempre ha definido la medicina: prestarle abnegado servicio aun a los elementos mas deleznables.

La impotencia se resuelve con lo que hacemos todos los días: educar en nuestros consultorio a todos, incluyendo abogados y jueces, sobre las enormes dificultades y dilemas que representa la practica medica. Si logramos que la sociedad entienda que nuestra responsabilidad es de medio y no de resultado. Si logramos que los pacientes acepten la naturaleza falible de todo acto medico. Si logramos sacudir la ignorancia de quienes buscan una ciencia exacta en una disciplina en la que entendemos y controlamos un pequeño porcentaje de todas las variables involucradas.


Si logramos eso con nuestra paciente y abnegada labor, tal vez podamos contribuir a que no se repitan atropellos como el del Dr Duque. Mientras esto ocurre, mostrémosle todo nuestro apoyo al querido profesor de Patologia y hagamos conocer nuestro profundo rechazo a este atropello.

(1) Hipocrates



Alberto Castro


Oftalmólogo


Exalumno del Dr. Edgar Duque.

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